Ciencia sin conciencia no es más que ruina del
alma.
Rabelais, François
Desde
tiempos atrás se tiene la concepción que ser maestro es aquella persona que
sabe todo sobre todo e igualmente posee conocimientos de todas aquellas
profesiones que tienen que ver con la formación del individuo –ya sea la
sociología, psicología, pedagogía, lingüística, entre otras-, por lo tanto se le
ha considerado como “sabio”, además que su finalidad específica es contribuir
al aprendizaje del educando. Por ello ha merecido reconocimientos por su labor,
pero, ¿esa concepción en los tiempos actuales se ha modificado o cambiado?
Trasladando esta situación a nuestro contexto, a nuestro país Colombia, hay
profesionales (tales como ingeniero, medico, abogado, economista…) los cuales
se encuentran ubicados en aulas y fácilmente son llamados maestros que simplemente
se desempeñan “enseñando” su labor en las disciplinas que plantea La ley 115 de
1994.
Con
el planteamiento anterior surgen preguntas, tales como: ¿El maestro nace o se
hace? ¿Una fundamentación pedagógica, didáctica y humanística profunda ya no hace
falta para educar? ¿Qué es lo que verdaderamente se necesita para desempañarse
como aquel agente educador que guía a que sus estudiantes sufran una
transformación intelectual y emotiva para que sean personas –en todo el sentido
de la palabra-, y además puedan convivir en una sociedad? ¿Cuál es la identidad
del ser maestro? ¿Qué papel juegan las prácticas pedagógicas y la
investigación? ¿Cuál es el papel de los lineamientos curriculares en el proceso
de enseñanza?
Una buena enseñanza no garantiza el buen aprendizaje del sujeto, porque el aprender hace referencia a las modificaciones internas de éste como tal. De acuerdo a esto, es sabido que cada sujeto tiene su estilo de aprendizaje, y que igualmente cada uno cuenta con su interpretación y análisis, además de las estrategias de aprendizajes por parte del docente que son métodos, técnicas o actividades que se implementan en el aula con base a la población con la que se trabaja. Por lo tanto, la enseñanza y el aprendizaje son procesos complementarios, que con otros factores como el objeto de estudio y el contexto en que se desarrolla estos procesos pueden concebir su finalidad, la transformación y trascendencia del ser.
Una buena enseñanza no garantiza el buen aprendizaje del sujeto, porque el aprender hace referencia a las modificaciones internas de éste como tal. De acuerdo a esto, es sabido que cada sujeto tiene su estilo de aprendizaje, y que igualmente cada uno cuenta con su interpretación y análisis, además de las estrategias de aprendizajes por parte del docente que son métodos, técnicas o actividades que se implementan en el aula con base a la población con la que se trabaja. Por lo tanto, la enseñanza y el aprendizaje son procesos complementarios, que con otros factores como el objeto de estudio y el contexto en que se desarrolla estos procesos pueden concebir su finalidad, la transformación y trascendencia del ser.
Bien
sabemos que en el contexto de la nueva sociedad, la educación es reconocida
como la causa principal del progreso y de los avances que conocemos como
desarrollo. Con una buena educación y una buena utilización de esos
aprendizajes el hombre y la mujer serán capaces de entender, comprender,
interpretar y transformar al mundo con la guía de nuestra profesión docente.
Nuestra
profesión está regida a unos lineamientos que estipularon normativos para lo
que se debe enseñar y lo que se debe aprender. Estos están hechos con base a
principios propios y/o fundamentales de cada área o asignatura.
He
aquí un breve recorrido por lo que son las ciencias naturales quienes están
consolidadas por dos paradigmas fundamentales que son el Empiro-positivista y
el Hipotético-deductivo. Estos lineamientos se encuentran conformado por 5 referentes,
pero enfatizaremos en tres.
Iniciaremos
con el referente filosófico y epistemológico que es quien da cuenta del ¿cómo?
Y ¿por qué? nacen las ciencias naturales, seguimos con el referente sociólogo
que es quien nos habla del comportamiento y formación del niño, y luego con el
psico-cognitivo que es quien nos da cuenta de ¿cómo aprende el niño?. Aquí
notamos que cada uno de estos referentes están inmersos en la vida y formación
de cada individuo y que son parte fundamental para su desarrollo integral.
Y si
nos referimos a las Ciencias Sociales, las cuales no están distante de las
Ciencias Naturales, porque como maestros podemos articular las dos, ya que cada
una aunque tenga su propia argumentación y fundamentación tienen los mismos
fines.
Bien,
a diferencia de las ciencias naturales que se basan en dos paradigmas fundamentales,
las ciencias sociales se consolidan en tres los cuales son el paradigma
positivista, el hermenéutico-interpretativo y sociocrítico-emancipador.
El
paradigma positivista como sabemos es aquel que su formación es tradicional, en
donde el estudiante solo era un receptor y reproductor de lo que le enseñaban,
que solo el maestro tenía la verdad y el estudiante no podía decir lo contrario
a lo que este decía.
Este
paradigma fue objeto de muchas críticas por su manera de mirar y realizar las
cosas. Luego de estos cuestionamientos surgió el paradigma
hermenéutico-interpretativo aquel que a diferencia del anterior entendía,
comprendía, interpretaba e incluso cuestionaba solo se quedaba hay, a pesar de
saber y reconocer tantas problemáticas no aportaba posibles soluciones a estas.
Con
base a lo anterior nace el paradigma emancipador-sociocrítico quien analiza,
interpreta, comprende, cuestiona y además de eso propone soluciones a distintas
problemáticas que se presenten a diario en nuestra sociedad. Actualmente este
es quien lleva la bandera, es decir es el paradigma con que se trabaja. Hay que
reconocer que aún existen docentes
positivistas pero son pocos los que hay.
Con
todo este recorrido podemos apreciar que a pesar de que ambas areas están
consolidadas o basadas en distintos paradigmas tienen un mismo fin u objetivo y
es el de formar hombres y mujeres íntegros con
capacidad de evitar o resolver problemas que se nos presenten en la vida
diaria.
Por
consiguiente nos centraremos en nuestra postura con respecto a las Ciencias
Sociales:
Como
practicantes reconocemos que los escenarios en los que se da el proceso de
enseñanza y aprendizaje se han transformado notablemente, comparándolos con los
que nos correspondió experimentar cuándo éramos estudiantes de la educación
primaria, básica y media: esta situación indudablemente se presenta por los
avances que hemos tenido como sociedad en el campo científico, tecnológico y
cultural, con los nuevos desafíos didácticos y las complejas demandas sociales
que se emiten a diario para formar, como formadores, seres productivos para la
misma sociedad, pero también seres con un sentido humanizado. Tenemos claridad
que el centro del acto pedagógico actualmente no es el de la mera transmisión
de información, y por ende tampoco la evaluación de la memorización y la
repetición de contenidos inútiles y obsoletos, por lo cual como maestros
debemos replantearnos el sentido de nuestro quehacer, el compromiso que tenemos
con nosotros mismos y con la sociedad, porque todas las acciones que hagamos
frente a un grupo de niños y niñas en un espacio de aprendizaje marcaran sus
actitudes y aptitudes en un futuro para desempeñarse en una sociedad cada vez
más cambiante.
Por
consiguiente es necesario que enseñemos a pensar, a reflexionar y a criticar a
cerca de los acontecimientos, fenómenos y situaciones que surgen y se
establecen en nuestro contexto, atendiendo a todos los sucesos que han marcado
la historia colombiana y que pudimos revivirlos en el documental ¡Colombia
Vive!; por ello desde el área de Ciencias Sociales, como maestros tomemos la
iniciativa de motivarnos para que nuestros estudiantes posteriormente lo hagan.
Con esto queremos expresar que desde ésta área es necesaria, indispensable y
fundamental desarrollar en los estudiantes la capacidad de aprender a aprender
para pensar y actuar, cambiando la estructura de una comunidad que lo anhela
significativamente, desde todas las disciplinas de las Ciencias Sociales, como
la geografía, historia, constitución política, democracia, antropología,
psicología, entre otras.
Nuestro
desafío implica no colocarle “barrera, cerradura ni cerrojo a la libertad de la
mente” (Virginia Woolf) de nuestros educandos. Nuestro rol cambió por el de un
guía, un tutor, o un acompañante en el camino de las aproximaciones a la
verdad, entendiendo a las ciencias sociales como disciplina científica que no
necesariamente es poseedora de una única y completa verdad, por esto, invitamos
a que seamos conscientes que aunque cumplamos una magnifica función social, no
gozamos de la verdad, y por tanto estar dispuesto a desaprender para aprender.
Incluso, el filósofo Sócrates de Atenas en una sutil oración afirmó: Solo sé
que nada sé, desarrollando un método
práctico basado en el diálogo, en la conversación, la "dialéctica",
en el que a través del razonamiento inductivo se podría esperar alcanzar la
definición universal de los términos objeto de investigación. Dicho método
constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica. En la primera fase el objetivo
fundamental es, a través del análisis práctico de definiciones concretas,
reconocer nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento de la definición que
estamos buscando. Sólo reconocida nuestra ignorancia estamos en condiciones de
buscar la verdad. La segunda fase consistiría propiamente en la búsqueda de esa
verdad, de esa definición universal, ese modelo de referencia para todos
nuestros juicios morales. La dialéctica socrática irá progresando desde
definiciones más incompletas o menos adecuadas a definiciones más completas o
más adecuadas, hasta alcanzar la definición universal. Parece indicar que ésta
verdad que buscaba Sócrates tenía un carácter práctico, es decir “descubrir
aquél conocimiento que sirviera para vivir”. Con lo anterior pretendemos
resaltar uno de los propósitos que tenemos como maestros y que se fundamenta en
el área de Ciencias Sociales, y es el de educar y formar para la vida. Teniendo
en cuenta a la vida no como un lugar futuro, sino desde la misma escuela, la
convivencia de todos los actores del proceso educativo, y la relación intra y
extraescolar. Para lograrlo podemos implementar algunas estrategias que nos
ayuden a desarrollar habilidades de pensamiento mediante el tipo de aprendizaje
en que el que estemos matriculados de acuerdo a nuestro modelo pedagógico, como
el trabajo cooperativo de los proyectos de aula que le permiten al niño y a la
niña asumir un papel protagónico en su proceso de aprendizaje. Además del
escenario interesante y curioso que constituye la pregunta, como activador cognitivo y punto de encuentro
entre nosotros como maestros y estudiantes frente al conocimiento y saber que
esperamos adquirir, desarrollar y transformar conjuntamente.
Citamos en éste punto a Orlando Zuleta, quién
interpretando el pensamiento de Hans Georg Gadamer, plantea que "preguntar
y pensar son dos procesos intelectuales inseparables; primero, porque quien
pregunta formaliza la búsqueda reflexiva del conocimiento; y segundo, porque si
el hombre piensa y tiene conciencia de ello, puede a sí mismo plantearse preguntas
y posibles respuestas", y es precisamente lo que planteamos porque
consideramos que es necesario que el sujeto piense, formule preguntas y a la de
posibles respuestas, sin embargo que no se conforme con sus hipótesis, por el
contrario, que en conjunto se discutan y reflexionen las dichas preguntas
basadas en una situación real en una sociedad.
Por lo cual sería interesante aplicar los seis
servidores que para el nobel británico en literatura Rudyar Kipling, le fueron de mucho ayuda, los cuales son:
1. Qué
2. Cómo
3. Cuándo
4. Dónde
5. Quién
6. Porqué
Pensamos
que estas preguntas son fundamentales para la solución de situaciones que
intrínsecamente pueden utilizarse y apropiarse para el desarrollo de los
objetivos expuestos por el Ministerio de Educación Nacional en los Lineamientos
Curriculares del área de Ciencias Sociales.
Además,
de reconocer que los lineamientos curriculares nos aportan recomendaciones y
herramientas para nuestro quehacer pedagógico, nosotros somos los que tenemos
la autonomía de tomar o no partículas de los lineamientos siempre y cuando
estemos llevando un proceso de enseñanza y aprendizaje que tenga como base el
poseer y desarrollar una mente científica, pensamiento crítico y amor por lo
que se hace, se está haciendo y se
quiere hacer.
La ciencia no conoce país, porque el
conocimiento pertenece a la humanidad, y es la antorcha que ilumina el mundo.
Louis Pasteur
Consideramos
el campo de saber pedagógico como un espacio de reflexión que nos permite
criticar y evaluar nuestra practica pedagógica. Por lo tanto, éste texto no es
una repetición de los debates desarrollados en el campo, sino una meditación
y/o consideraciones de nuestra educación.
Marisol
Rosales Cabrera y Sandra Carrasquilla Montes.
IV
Semestre. Grupo A